El cristianismo se basa en las relaciones. Una relación renovada con Dios, nuestro Creador, transforma nuestras relaciones humanas.
La esencia del cristianismo no es un conjunto de reglas, una filosofía o una doctrina, sino la persona de Jesucristo.
Jesús afirma que solo Él puede llenar nuestro vacío espiritual. Él da sentido a nuestra vida y revela su verdadero propósito.
Así como un pez no puede vivir sin agua, el ser humano no puede experimentar la plenitud de su humanidad sin una relación con Dios.
La conexión con Dios brinda al ser humano una profunda alegría, plenitud y propósito en la vida.
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