Jesucristo, el Hijo de Dios, fue enviado por el Padre porque solo Él podía detener las consecuencias de la desobediencia de Adán y Eva, es decir, liberar al ser humano del pecado y la muerte.
Las enseñanzas y acciones de Jesús no permiten clasificarlo simplemente como uno de los grandes maestros. Él fue enviado por Dios y es el único camino hacia Él.
La muerte y resurrección de Jesús garantizan que ya no existe una brecha entre el ser humano y Dios.
Cada persona puede tener una relación cercana con su Creador.
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